El Dios de las pequeñas cosas

Título: El Dios de las pequeñas cosas

Autora: Arundhati Roy

Reseña hecha por : Carlos Valadés   @carlosvalades

Tengo una especial debilidad por la India. Su cultura, sus personajes, a veces anclados en otro tiempo que no es este que nos ha tocado vivir, la intensa luz que despiden muchos de sus habitantes, la sonrisa que desarma, esa alegría colorista con la que viven la religión, o su inocencia, me han cautivado. Y eso es para siempre. Y sin remedio.

A los destinos que elijo les precede un período de febriles lecturas y documentación incesante, además de un acercamiento a través de la literatura, que a mi, particularmente, me ayuda a intentar escrutar el alma de un país, por complejo que este sea. Y hay pocos países tan contradictorios como la India. Y en este último viaje, decidí una inmersión en el libro de Arundhati Roy, escondido en una de mis estanterías. Fue un enamoramiento tardío, pero muy intenso.

“El dios de las pequeñas cosas”, es una inmensa obra, que perdura en la memoria, deja poso, sus personajes permanecen incólumes a pesar del tiempo.  Es muy difícil no emocionarse con las andanzas de los jóvenes gemelos Estha y Rahel, o su pequeña prima venida de Inglaterra, Sophie Moll.

La novela se desarrolla en el estado de Kerala, al sur de la India, durante los años 60 y 70 del siglo pasado. Tiempos convulsos, en los que el Partido Comunista celebraba su primer éxito democrático a través de las urnas en el estado de Kerala, que posteriormente fue sustituido de manera poco ortodoxa por Nehru, en aquellos tiempos primer ministro de la India ya libre del colonialismo inglés.

La historia de una saga familiar, con muchos tintes autobiográficos, permite a la autora india desgranar la sociedad del sur de la India, en Kerala, un estado en el que la presencia de cristianos es mayoritaria. El sentimiento de inferioridad de la sociedad hindú con su recién conseguida independencia frente a la potencia colonial, se pone de manifiesto con la visita de la británica Sophie Moll y su madre a Ayemenem, el pueblo donde vive la familia

Una sociedad donde si eres mujer y antes de los dieciocho tus padres no han arreglado una boda, es prácticamente imposible el matrimonio, donde las relaciones de conveniencia sirven para acallar una sociedad excesivamente tradicional y clasista. El racismo late dentro del sistema de castas y los intocables son el último escalón. Velutha, un carpintero amigo de los gemelos Estha y Rahel, forma parte de ese último escalafón, de nacimiento. Y no hay nada que puedas hacer. A los Dalits, solo les está permitido realizar los trabajos más marginales, y su discriminación llegaba a tal punto que las castas superiores evitaban el contacto con su sombra. Aún hoy, a pesar de que se ha avanzado mucho, la segregación pervive en zonas rurales y también de manera privada.

Un país que empezaba a desperezarse, a estirar sus brazos y sacudirse muchos años de dominación inglesa, donde la estricta sociedad británica y su moral victoriana, rivaliza con la estructurada India, con una penalización moral y social de las relaciones prohibidas. Gentes que transmiten las grandes historias a través del kathakali, por medio de la danza.

Arundhati Roy, solamente ha escrito esta novela de ficción, ganadora del Booker prize en el año 1997. Su ópera prima ha sido traducida a 32 idiomas y en España lleva más de 30 ediciones. Y creo que somos legión los que esperamos su segunda novela. Mientras tanto, dedica su tiempo a escribir guiones para la televisión, y a ser una ferviente activista pro derechos humanos, tanto a la hora de criticar la posición de su país con respecto a la zona independentista de Cachemira, o a la represión violenta de los naxalitas, que también aparecen en “El dios de las pequeñas cosas”.

Recomiendo fervientemente la lectura veraniega de esta maravillosa novela, a ser posible degustando un chai con canela. El autor de esta reseña no se hace responsable de la adicción que pueda crear entre los lectores.

 “Las grandes historias son aquellas que ya se han oído y se quieren oír otra vez. Aquellas en las que se puede entrar por cualquier puerta y habitar en ellas cómodamente. Son tan conocidas como la casa en que se vive. O el olor de la piel del ser amado. Sabemos como acaban y, sin embargo, las escuchamos como si no lo supiéramos. Del mismo modo que, aún sabiendo que un día moriremos, vivimos como si fuéramos inmortales. En la grandes Historias sabemos quién vive, quién muere, quién encuentra el amor y quién no. Y aún así queremos volver a saberlo. Ahí radica su misterio y su magia.”

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8 respuestas a El Dios de las pequeñas cosas

  1. Iván dijo:

    Carlos, gran post como siempre. Creo que India es de esos países que llegas a odiar y amar en la misma mañana. Sin duda que sigue siendo uno de esos lugares que siguen fascinando a los viajeros. Inolvidables mis aventuras y desventuras viajando por India, pongo el libro y Kerala en asuntos pendientes ;)

  2. Alisetter dijo:

    Magnifico libro y post. Cuando estuve en Kerala no deje de recordar un monton de cosas… Fui a un espectáculo de Katakali y efectivamente se observaba lo decrépito del asunto, no siendo mas de una docena de viajeros de distintas nacionalidades los que andábamos por alli, en un teatrito que se caía a cachos… Una lastima, ya que es fascinante. Era el año 2006 y las banderas rojas con la hoz y el martillo aun ondeaban en los backwaters… Un libro que ya he leído dos veces, y lo hago con pocos! :) Si, la India es fascinante y terriblemente contradictoria, engancha. Gracias Carlos! :)

  3. Carlos Valadés dijo:

    Hace tiempo estuve algunos años haciendo teatro, y un profesor que tuve me enseñó algo de kathakali. Él estuvo en India bastante tiempo, y aprendió de esta técnica en la que los actores son capaces de manejar de manera autónoma los músculos faciales, y cualquier parte del cuerpo. Cuando vaya a Kerala, que será la tercera vez que visite la India, ire a alguno de estos teatrillos.
    Gracias Ivan y Alicia :-)

  4. Alisetter dijo:

    A mi lo del kathakali me pareció increíble, tanto los músculos faciales y de manos y pies, como los ojos!!! si, no hay que perdérselo… Además, el sur de India es fascinante. A mi me gustó bastante más que el norte :-)

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