Relatos de Kolima

Título: Relatos de Kolima

Autor: Varlam Shalamov

Reseña hecha por: Carlos Valadés   @carlosvalades

Los límites del ser humano suelen estar mucho más allá de lo que imaginamos. Nos sorprendemos con cada nuevo record de velocidad, o con cada cumbre alcanzada en los nevados Himalayas. Imágenes de atletas sonrientes, sudorosos, satisfechos por ver como su esfuerzo ha valido la pena. Son seres humanos llevados al extremo, a los bordes de lo físico. Existen otras fronteras difíciles de imaginar, donde las personas pierden casi todo el rastro de humanidad, donde cada día se lucha por la supervivencia en un clima hostil, donde no importa morir, e incluso esa muerte es buscada porque supondrá un descanso del eterno sufrimiento que lleva aparejado el confinamiento en los campos de trabajo de Siberia.

Los relatos de Kolimá, surgen directamente del infierno helado, del extremo más oriental de Siberia, donde las temperaturas alcanzan los 50 grados bajo cero, y los escupitajos se congelan antes de caer al suelo. Un lugar de pesadilla en el que era demasiado fácil terminar en la época de Stalin. Tiempos turbulentos en los que por el artículo 58 uno podía ser acusado de ser sospechoso de realizar actividades contrarrevolucionarias y terminar con sus huesos en el hielo, un artículo que propiciaba muchas denuncias falsas que determinaron la purga masiva de seres humanos inocentes.

Los campos de concentración de la Alemania nazi tuvieron su equivalente en los gulags soviéticos, campos de trabajo forzados como instrumentos de represión a los disidentes políticos del bolchevismo en la URSS.  Conocidos mundialmente por la obra de Aleksandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, cuyo autor recibió el premio Nobel en el año 1970, sufrió en sus carnes el destierro a un campo de trabajo por comentarios antiestalinistas realizados a un amigo suyo. Ocho años en el infierno. El enemigo estaba dentro. Nadie conocía realmente a nadie, e incluso se daban casos en los que una mujer podía denunciar a su marido sin pruebas concluyentes de ser un imperialista contrarrevolucionario para perderle de vista para siempre.

El autor, Varlam Shalamov  , pasó más de 15 años en Kolimá, un territorio también conocido “la tierra de la muerte blanca”, trabajando en condiciones durísimas en minas de oro y carbón.El fresco que Shalamov realiza de los gulags es escalofriante, el infierno en la tierra. Personas despojadas de todo rastro de humanidad que luchan por sobrevivir cada minuto, la prosa de Shalamov es dura y seca como un puñetazo en el estómago, corta la respiración.  Sin escatimar en detalles, conocemos a los “hampones”, criminales condenados, arquetipos de historias carcelarias, que utilizan sus influencias para asegurarse la distracción con los “narradores”, novelistas encarcelados que formaban parte de la “intelligentsia”, la élite intelectual rusa, y que con sus dotes distraían a los presos contándoles historias cual Sherezades soviéticas.

La desesperación es palpable en cada párrafo, un sufrimiento que quedó impreso a fuego y hielo en el subconsciente del escritor ruso. A diferencia de Viktor Frankl , con su “El hombre en busca de sentido”, en el que incluso en las condiciones más difíciles, como el haber sobrevivido a un campo de concentración nazi, un ser humano encuentra siempre una razón para vivir, un hálito de esperanza, Shalamov percibe inhumanidad, hambre extrema, y la muerte es un fin apetecible.

Kolimá como el infierno dantesco, un infierno en la taiga siberiana que nos demuestra una vez más que el hombre es más que un lobo depredador para el hombre.  “La amistad no nace ni en la necesidad ni en la desgracia. Si la desdicha y la necesidad han forjado una amistad entre unos hombres, esto significa que la necesidad no era extrema ni muy grande la desdicha. La desdicha no es lo bastante honda ni dolorosa si se la puede compartir con el amigo”.

Estructurado en forma de relatos cortos, Varlam Shalamov nos transporta directos al fin del mundo, allí donde termina el tren transiberiano, donde muchas personas perdieron la vida por compartir sus opiniones en el sitio equivocado, o simplemente por pensar de otra manera. Afortunadamente nos quedan testimonios tan valiosos como estos relatos, memoria viva de uno de los  períodos más tenebrosos de la historia de la humanidad. Imprescindible.

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4 respuestas a Relatos de Kolima

  1. Alisetter dijo:

    Me lo apunto Carlos! Magnifico post!

  2. Iván dijo:

    Gran reseña Carlos, lo pongo en la lista de libros pendientes ;) Sin duda Rusia sigue siendo uno de esos lugares que siguen fascinando al viajero y lector en pleno siglo XXI. Creo que Rusia muchas veces es algo más que un país, es eso que Churchill decía de un enigma dentro de un misterio. No te dejará indiferente atravesar sus paisajes a bordo del legendario Transiberiano, en Rusia hay que ser paciente y saber buscar más allá de la primera impresión. Las sonrisas y las historias suelen estar escondidas más allá del primer encuentro con sus ciudadanos. En las miradas se ve el cruce del siglo XX y del siglo XXI de un pueblo que ha sufrido y sufre como pocos , y es que la población rusa es todo un retrato de la condición humana . Un pueblo que ha sufrido como pocos el yugo de la locura , el genocidio y la falta de libertad. No te olvides de visitar The State museum of GULAG history, allí estarás casi solo para pensar….. http://www.russianmuseums.info/M1202

  3. Carlos Valades dijo:

    Allí estaré para intentar imaginar, aunque sea solo un poco, las durísimas condiciones de “vida” de los condenados por el artículo 58.

  4. Pingback: Stalin, el tirano rojo | Leer y Viajar

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