Torres de piedra

Título: Torres de piedra

AutorWojciech Jagielski

Reseña hecha porIván Marcos   @ivanmarcos

Uno de los grandes autores que pude leer durante el pasado 2012 es sin duda el gran reportero polaco Jagielski. Considerado por muchos como el digno heredero del genial  Kapuscinski, completa una mirada humanista que nos viene curiosamente también  de Polonia. Jagielski tiene esa capacidad de escribir con ternura y hacernos entender las realidades más allá de la desinformación y los intereses teledirigidos de los medios de comunicación tradicionales. Jagielski escribe pues como los grandes reporteros de antaño, con honestidad y cercanía, un estilo que en mi caso  me emociona.torres de piedra

Con la lectura del presente libro  completo la lectura de los tres que hay actualmente  traducidos al español. De sus otras dos obras ya hice la reseña aquí, tanto “Una oración por la lluvia-Historias de Afganistán” como “Un buen lugar-Historias del Cáucaso”  pueden ser consideradas como obras fundamentales para cualquiera que ande interesado en el periodismo de reporteros, en  las relaciones internacionales, la geopolítica, los conflictos y en entender sobre realidades complejas de nuestro tiempo.

Y es que Jagielski como los grandes reporteros tiene la capacidad de contar de una forma muy humanista que nos lleva a entender los sufrimientos de la gente de la calle:

En la ciudad no se oía ni el vuelo de una mosca. Daba la impresión de que sus habitantes estuvieran conteniendo la respiración y escucharan en tensión las lejanas explosiones, para intentar adivinar así lo que les deparaba el futuro. En la plaza mayor, cuyo pavimento aún era de empedrado, ancianos de grandes bigotes y con gorros de piel se sentaban encogidos en un pequeño banco. Observaban aquel espectáculo bélico de las montañas sin pronunciar palabra y apenas sin moverse. Se pasaban el día en la plaza, a semejanza de los escasos árboles del lugar, tan viejos como ellos, cuya sombra los protegía de los rayos solares. Parecían veteranos a los que se hubiera invitado a una función gratuita por los servicios prestados: después de ser acompañados hasta el patio de butacas con todos los honores y quedarse solos, veían en silencio una representación que se repetía sin cesar, aunque no alcanzaban a entender ni el argumento ni la idea principal. Esa sensación resultaba aún más intensa por el hecho de que la ciudad entera semejaba un anfiteatro esculpido en una escarpada peña.

Jagielski  tiene la capacidad de saber contar y de llevarnos a realidades que no salen en prensa, televisión o radio. El genial autor polaco es un especialista en Asia Central y en el Cáucaso, sitios y lugares alejados de la mano de Dios, y si hacemos la excepción de Afganistán nos vamos de viaje a la complejidad de lugares como Chechenia, Azerbayán, Georgia o Armenia. Lugares que  con nombres como Osetia, Abjasia o Daguestán no aparecen ni interesan ni a sociedad occidental, ni a sus  medios de comunicación  ni a esos periodistas que parece que van donde todo el mundo va.

El presente libro nos lleva a Chechenia, a la puerta de atrás del viejo imperio soviético y sin duda a su gran problema. El libro nos lleva a entender algo de Chechenia, de la Rusia actual y del antiguo galimatias complejo que era la Unión Soviética. Al leer libros como el de Jagielski y al viajar por la zona uno  comprende el enorme caos de religiones, pueblos y razas que formaban la antigua URSS. Viajamos con la lectura a la Segunda Guerra Chechenia y a entender la realidad de un pueblo aguerrido, duro y con una enorme capacidad de sufrimiento.

Parte de libro no lleva a entender la realidad social de una Chechenia que navega entre la corrupción, el integrismo religioso, la anarquía y la herencia de su pasado. Con la lectura llegamos a conocer a dos líderes chechenos que ayudan a entender las diferencias de una realidad enormemente compleja que es Chechenia. Por un lado tenemos a Aslán Masjádov que fue Comandante de la URSS  y un militar auténtico que gozaba del respeto de todos. Por el otro tenemos al guerrilero  Shamil Basáyev que era considerado un auténtico villano por Vladimir Putin .

Rusia y Chechenia, sus conflcitos, su pasado, ataques militares, ataques terroristas, guerrilleros contra los imberbes soldados del segundo ejército más poderoso del mundo. En las páginas del presente libro tenemos un extraordinario reportaje sobre una zona no demasiado alejada de Europa, pero que parece de otro planeta. Y siempre con la capacidad asombrosa de hacernos entender la complejidad política, pero también social y humana de unos conflictos que desatan la crueldad que se viene sobre los indefensos civiles.

Los niños normalmente se subían a los tejados y a las copas de los árboles, miradores ideales desde los cuales se veía perfectamente el cielo —tomado por aviones y helicópteros—, las montañas y, a lo lejos, el desarrollo de la guerra. Los tejados y los árboles más concurridos eran los que estaban en los límites de la ciudad, junto al despeñadero por el cual subían volando los helicópteros. Desde el borde del barranco uno podía distinguir las caras de los pilotos cuando las máquinas llegaban a la altura del saliente en el que se encontraba Botlij. Los chavales allí reunidos chillaban entusiasmados cada vez que aparecía algún helicóptero. Las mujeres, por su parte, veían la guerra desde los huertos de sus casas, o más bien lanzaban miradas fugaces e inquietas en esa dirección mientras cocinaban o sacaban agua de los pozos; abandonaban un momento las tablas de lavar y las ollas humeantes, se enderezaban, con una mano se protegían la vista el sol y miraban al cielo.

Jagielski entra de lleno entre mi gran grupo de selectos reporteros que me ayudan a entender la complejidad del mundo actual. Viajamos a Grozni, a Moscú, a las zonas montañosas de una ex república soviética que navega en el siglo XXI con algunas formas y valores que parecen más propios  de los de hace siglos.

Desde el amanecer hasta el momento en que, a la caída del sol,
la voz lastimera del muecín llamaba a los fi eles a orar en la mezquita, la ciudad entera quedaba paralizada, contemplando los helicópteros y escuchando las lejanas explosiones.

La excepcional mirada de Jagielski y su extraordinaria forma de escribir nos sumerge de lleno en uno de los conflictos olvidados por los medios occidentales. Ya se sabe que todo lo que toca a Rusia es desde siempre un misterio, pero son libros como el de Jagielski los que nos hacen entender. Disfrutar con la lectura para llegar a indagar en las realidades de unos conflictos que marcan las crueldades y miserias del ser humano.

Por el día, cuando los cazas y helicópteros rusos lanzaban bombas y misiles contra ellos, los guerrilleros se resguardaban en grutas seguras, de donde no salían hasta que no cesaban los bombardeos, se hacía el silencio y los rusos enviaban a la infantería montaña arriba. Entonces, encaramados a grandes rocas desnudas, disparaban a placer contra los soldados que subían la pendiente con gran esfuerzo. Después de unos cuantos enfrentamientos sangrientos de ese tipo, los rusos renunciaron a esta estrategia. A partir de ese momento dejaron de oírse disparos de ametralladora, salvo cuando los guerrilleros daban la bienvenida a los helicópteros que les atacaban, y aún menos frecuentes fueron los combates en las laderas de los montes. Los rusos pensaron que para luchar contra los rebeldes serían más útiles los helicópteros acorazados, y durante todo el día, desde el alba hasta el crepúsculo, se dedicaron a hostigar las guaridas de los guerrilleros y a destruir las aldeas ocupadas por ellos. Sistemáticamente, día tras día, casa por casa.

 

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