Corazón de Ulises

Título: Corazón de Ulises

Autor: Javier Reverte

Reseña hecha por: Andrew Edwards  @edscriptor

¿Una odisea personal por las islas de Grecia, un reportaje viajero, una investigación que refleja el alma griega: cómo clasificar este libro? Pues, es la versión buena de una caja de Pandora que contiene las tres cosas y más a la misma vez. Yo había oído decir que Javier Reverte era un buen escritor y mejor viajero, El corazón de Ulises no me defraudó.corazon de ulises

Allá en 1992, pasé un año en Grecia, por eso buscaba un poco de nostalgia, pero también un retrato del país de hoy. Reverte asume las responsabilidades de un viajero en busca de Homero, pisando el territorio en su tiempo gobernado por la gente mítica, es la tierra de Helena de Troya y la Ítaca de Odiseo. Conoce bien la literatura clásica, pero esta erudición es una capa ligera que no cubre las otras profundidades del libro.

Tiene el talento de evaluar el carácter de una persona después de un par de encuentros. En contra de lo esperado, esta perspicacia permite la posibilidad de otros encuentros y evita la mente cerrada. Todos nosotros podemos aprender de esta actitud. Las apariencias engañan, la chipriota habladora que viaja sola es en realidad una mujer que ha desaprovechado su talento, siente restringida por el papel de madre y esposa.

En ciertos aspectos la historia medio oculta de la pobre chipriota es una metáfora que explica el libro. ¿Qué vale un dios cuando la gente común vive el alma griega? Se dice que la Grecia de hoy es una sombra del pasado clásico, quizá tengan toda la razón, pero Reverte sabe la realidad, los tipos con quien habla son los guardianes de los mitos y leyendas.

Añadido a lo antiguo y lo moderno, tenemos la literatura. Hay que destacar las obras de Cavafis y Durrell, algo que hace el autor cuando llega a Alejandría, la antigua brillantez de Grecia en África. Amantes de la ciudad de Alejandro Magno, estos poetas capturaron una era decadente. Como dice Reverte, ‘el viaje literario tiene algo de viaje hacia la eternidad, una búsqueda incansable del tiempo detenido.’ Para mirar de cerca el período, nos hace falta este microscopio literario.

El itinerario no forma una ruta exhaustiva; no incluye mucho sobre la Magna Grecia y los lugares homéricos de Sicilia, pero importa poco, dada la lista amplia de sitios: el Peloponeso, Creta, Trebizonda, la costa de Turquía, Atenas, Corinto y Missolonghi, donde murió el poeta, Lord Byron, durante la lucha contra Turquía en la guerra de independencia.

La prosa de Reverte es accesible y fluida. Durante todo el libro mantiene un cierto sentido de humor, una vena irónica, aunque nunca deja el camino de humanidad. Nos proporciona la oportunidad de ver el país con ojos de experto, un experto que sigue las carreteras poco frecuentadas de la literatura – lamentablemente quien lee la Ilíada hoy en día. El libro representa un lente doble, el suyo y el de los antiguos escritores y filósofos. La cuna de la civilización europea todavía tiene sus historias que contar. Al fin y al cabo, todos somos griegos.

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Nada y así sea

Título: Nada y así sea

Autora: Oriana Fallaci

Reseña hecha por: Iván Marcos  @ivanmarcos

Oriana Fallaci fue una de las más destacadas reporteras del siglo XX. Su carisma y su fuerte personalidad fue constante hasta su muerte. El presente libro nos narra sus inicios como reportera.  Manu Leguineche dijo de ella “Algunas madres llamaban Oriana a sus hijas. Fue la periodista más famosa del mundo. Ayudó a la mujer a ocupar un lugar en los medios informativos. Con su desparpajo insufló un aire de frescura a la hermética sociedad española de su tiempo”. nada y asi sea fallaci

Al final de su vida Oriana Fallaci tuvo una oposición frontal al Islam. Durante los últimos años y ya enferma de cáncer escribió textos tremendamente duros sobre los musulmanes. Fue aquel texto de la rabia y el orgullo y su mirada la que le enfrentaron entre otros a su paisano fiorentino Tiziano Terzani.

Un día, una niña de apenas cinco años, preguntó  a su hermana, Oriana Fallaci, qué era la vida. Al día siguiente Oriana partía para el Vietnam como corresponsal de guerra y a partir de ahí empezó a forjarse la leyenda de una mujer irrepetible.

El libro debería ser una obra de lectura imprescindible para cualquiera que sueñe con ser periodista de temas internacionales y es sin duda un clásico del periodismo de conflicto. Desde el inicio al final vamos viendo los dramas de la guerra, pero sobre todo vamos encontrando personas que van añadiendo un toque humano a aquel dramático conflicto.

La guerra de Vietnam fue un conflicto atroz que en buena  parte era una lucha de la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS. Mientras que los americanos ponían todo su arsenal de guerra, los vietnamitas del norte luchaban con una táctica de guerrillas que fue un infierno para las tropas norteamericanas.

Las reflexiones de Oriana nos van acercando a la realidad de la estupidez humana y de la guerra. La autora se aproxima a la gente de ambos bandos  y es así como uno va entendiendo los puntos comunes de todos los seres humanos, independiente del color de la piel, su credo o su sistema político. El miedo a la muerte, el amor a los seres queridos o la capacidad de supervivencia van apareciendo a lo largo del libro y nos relata desgarradoras escenas de un conflicto que todavía sigue presente en la mente de ambas sociedades.

Pasamos las páginas y vemos el drama de la guerra en las junglas y ciudades de Vietnam. El olor a napalm lo invade todo y podemos sentir las lágrimas de todos aquellos que van perdiendo a compañeros y amigos en el conflicto.

Un libro maravilloso en el que se nos muestra el estilo de una reportera de raza que sigue siendo un icono para muchas mujeres periodistas. Con Oriana viajamos al infierno de la guerra y aprendemos sobre una parte fundamental del siglo XX. Y es que Oriana como los grandes clásicos no pasa de moda, su libro y su viaje nos traslada a aquella guerra y a los últimos días de Saigon que también nos contó nuestro querido Manu Leguineche.

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Un mundo aparte

Título: Un mundo aparte

Autor: Daniel Landa @danilanda

Reseña hecha por: Pablo Strubell @PabloStrubell

Escribir y publicar un libro de viajes de 1030 páginas hoy en día es una gesta parecida a dar la vuelta al mundo en 4×4 durante dos años. Es una auténtica aventura de incierto resultado. Sin embargo, cuando ese libro lo escribe Daniel Landa, la mente inquieta instigadora de un sensacional viaje como el mencionado, el éxito está asegurado. un mundo aparte

El gran viaje que narra este libro es una vuelta al mundo que se llevó a cabo entre 2006 y 2008, que duró algo más de dos años. No fue un viaje de placer, aunque también tuvo esos momentos. Fue un viaje para realizar un documental, para narrar en una serie la mayor vuelta al mundo jamás contada. Y eso es algo que diferencia este viaje de muchos otros, al igual que hace diferente este libro de tantos otros escritos de vueltas al mundo.

Aquel fue un viaje muy especial: Daniel Landa, acompañado de José Luis Feliu Rey y Alfonso Negrón Pardiñas (productor y cámara respectivamente), equipados con un 4×4 y cargados de material de filmación, recorrieron miles de kilómetros por Europa, Asia, América del Norte y del Sur y África, en busca de aventuras, cumplir sueños y documentar la vida de alguno de los últimos indígenas que aún subsisten en este planeta. El primer vástago del viaje fue una serie documental de 13 capítulos titulada “Un mundo aparte”. El segundo, el libro que hoy reseñamos, publicado en 2013 por Ed. Extended Game.

Lo que más sorprende al abrir el libro y empezar a leerlo es la sinceridad, sencillez y humildad con la que está escrito. Y seguro que el carácter de este palentino queda también descrito con estos tres adjetivos. Al empezar a leer, sorprende una nota inicial del libro: “Todos los personajes que aparecen en este libro son reales y también se han mantenido sus nombres verdaderos (…) si alguien se siente ofendido al leer estas líneas, le ruego apele a la memoria antes que al orgullo”, un claro indicador de que el libro está escrito sin cortapisas, sin tapujos. Pero, también como vemos al avanzar la lectura, sin ánimos de venganza o revancha. Landa es periodista y escribe con rigor.

Lo cierto es que este libro se podría considerar un making off de la serie documental. Dedica el primer capítulo a describirnos la gestación de la idea del viaje y las tremendas dificultades para encontrar patrocinios; los titubeos iniciales, las incertidumbres que rodearon el viaje hasta quince días antes de la partida. El resto del libro, salvo el último capítulo, los dedica a narrar el viaje pero, y ahí está una de las grandes virtudes de este texto, no se queda en lo que hicieron y vieron, sino que nos cuenta cómo es su día a día, sus problemas, sus alegrías, sus buenos y malos momentos. No solo del equipo, sino en su constante comunicación con los patrocinadores, quienes deberían haber sido colaboradores interesados en este proyecto y que, para sorpresa de todos, conforme avanza el viaje se desentienden de la suerte de los tres viajeros, a pesar de estar trabajando para ellos. El último capítulo, a modo de cierre, nos cuenta cómo se consiguió producir el documental, emitirlo en más de 130 países y dónde siguen los protagonistas de este gran viaje.

En su escritura, Landa consigue transmitir perfectamente el ritmo del viaje. Si bien en un principio la narración parece rápida y superficial, el lector tarda poco en darse cuenta de que es intencionado. Ese no fue un viaje de placer y ocio, de quedarse tanto tiempo en un lugar como les pidiera el cuerpo. Fue un viaje con un plan de trabajo, con objetivos definidos, con filmaciones que hacer, lugares que visitar. Desgraciadamente, sin mucho tiempo que perder.

El libro en papel (que ni he leído ni visto aún; he leído su versión digital, que por cierto no tiene fotografías, un fallo) está compuesto de cuatro tomos, uno por cada continente visitado. En el primero, Europa, su toma de contacto con el viaje y, posiblemente, el continente menos disfrutado, al tratarse del más conocido, con los tiempos más marcados y más trabajo de filmación. El segundo, Asia, con su paso por Rusia y Mongolia, un país que tuvo una gran importancia en el devenir del viaje. El tercero lo dedica a América, el continente más disfrutado y en el que más tiempo se detuvieron. Y el cuarto y último, a África, el más duro y sacrificado, por sus múltiples problemas así como por todo lo acumulado a lo largo del viaje.

Donde más se explaya el autor es en América, donde parece que el ritmo se hace más sosegado o, al menos, parece disfrutar más de la ruta, del día a día incesante. En ocasiones uno se plantea cómo es posible que aguantaran el ritmo de viaje y trabajo que se impusieron y, sobre todo, que no explotaran ni abandonaran. Landa nos lo cuenta sin tapujos. Nos habla de las crisis, de los problemas entre ellos, de sus pensamientos. Nos lo cuenta como un amigo, abiertamente. Donde los problemas logísticos, materiales, económicos y físicos más les acucian es en África, donde el lector se pasa el libro cruzando los dedos por los viajeros y sorprendido por la creatividad con la que fueron solucionando los mil y un problemas que se sucedieron en este tramo del viaje.

Con todo, el viaje se puede considerar un éxito. No solo porque regresaran en perfecto estado físico sino también mental: tres personas que apenas se conocían se embarcaron en este duro, exigente y novedoso proyecto y llegaron más unidos, cómplices y satisfechos de lo que partieron. El libro nos explica cómo lo lograron, los momentos de crisis, los de felicidad. Cualquiera que piense que embarcarse en un viaje así es una sencilla y placentera experiencia, debería leerse este libro. Y cualquiera que sueñe con emprender un viaje, sea en el medio que sea, que disfrute leyendo de los retos, aventuras y peripecias que otros viajeros han tenido que experimentar, tiene en “Un mundo aparte”, lectura obligada. Y, desde luego, para los que hemos leído el libro sin haber visto la serie documental (algo que nos es imprescindible para disfrutarlo plenamente), solo nos queda esperar que algún día podamos verla nuevamente en televisión o internet. Se completaría así la imagen de un sensacional y épico viaje alrededor del mundo en coche de estos tres aventureros.

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En tierra extraña, en tierra propia. Anotaciones de viaje

TituloEn tierra extraña, en tierra propia. Anotaciones de viaje

Autor: Lorenzo Silva  @VilaSilva

Reseña hecha por: Iván Marcos  @ivanmarcos

En el presente libro se reúnen textos viajeros del famoso escritor y periodista Lorenzo Silva. Como bien dice en el prólogo del libro :“De la suma de los pasos, unos voluntarios, otro fruto del azar o la obligación, termina por hacerse el mapa diverso de esa patria personal, sin bandera ni pasaporte, que cada uno lleve dentro”.en tierra lorenzo silva

La literatura y el periodismo van muy ligados, y es muy habitual la conexión que entre ambos géneros ejerce el viaje. Hay una expresión que refleja perfectamente esa simbiosis: “Es intenso sentir que uno pertenece a un lugar. Es intenso sentir que un lugar es extraño. Y la intensidad tiene su importancia. Sólo con ella se puede, y seguramente se debe, hacer literatura”.

Y es que no debemos olvidar que muchos de los grandes periodistas y reporteros han sido o son viajeros en mayor o menor medida. En la presente obra, Lorenzo Silva deja de lado sus carismáticos personajes policiacos  para adentrarse en unos sencillos pero amenos relatos viajeros.

Describir una ciudad o un lugar determinado puede hacerse de muchas maneras, desde la aproximación a su realidad social, pasando por hechos históricos fundamentales o relatando parte de la experiencia del viajero. Esas y muchas otras son formas que van apareciendo en el libro y que conforme nos adentramos en cada capítulo nos llevan a diferentes enclaves geográficos, sociales y personales.

Los capítulos del libro son apartados independientes que  nos trasladan a diversos lugares del mundo. Conforme vamos atravesando páginas vemos  como el autor nos hace sentir el viaje a través de la escritura tierna y personal de una prosa sencilla y humana. Se va leyendo y se va sintiendo la pasión por el viaje y la escritura.

Lugares como las Highlands escocesas se van mezclando con ciudades europeas llenas de vida e Historia como Lisboa,  Varsovia, Venecia, Moscú, Praga o  Madrid. Pero también volamos a otros continentes como Estados Unidos donde se hace un hermoso y contradictorio retrato entre Nueva York y Buffalo.

El continente africano queda retratado con un vecino Marruecos donde la cercanía e Historia va muy ligada para lo bueno y malo con España.  También tenemos chispazos de esa ciudad inclasificable y conflictiva como Beirut y al final también reconocemos el caos de una megalópolis asiática como esa Manila que una vez fue española.

Y al acabar el libro nos damos cuenta de que el ser humano siempre ha tenido la necesidad de contar lo que ha visto y experimentado en sus viajes. Y Lorenzo Silva  se hace cómplice de todo ello para recordárnoslo  con palabras tan hermosas y humanistas llenas de significado vital como las siguientes:

“Viajar y relatarlo, o que otros nos relaten sus trayectos, nos ayuda, en fin, a sentirnos como lo que en el fondo somos. Habitantes de un espacio común que es la casa de todos”.

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Días de viaje. Relatos en primera persona

TítuloDías de viaje. Relatos en primera persona

Autora: Aniko Villalba @viajandoporahi

Reseña hecha por: Pablo Strubell @PabloStrubell

¿Escribir unas memorias con 28 años? ¿Es eso posible? La respuesta es tan contundente como el currículo viajero de quien las ha escrito, Aniko Villalba. Si habláramos de otros viajeros, tal vez esa edad podría ser prematura para lanzarse a esa tarea tan complicada que es recoger en un libro los viajes más importante de una vida. Pero ella, después de estar viajando casi ininterrumpidamente los últimos cinco años, escuchó las señales, regresó a su Buenos Aires natal y se sentó a escribir. Y el resultado es Días de Viaje. Unas señoras memorias viajeras, si bien ella estoy casi seguro que nunca se planteó que fueran eso. Acaso un relato de los viajes más importantes en su vida, pero ¿no son eso lo que llamamos unas memorias viajeras?. dias de viaje

Lo bueno es que frente a memorias escritas por personalidades ilustres que llegan a ese momento de avanzada edad en que parece que hay que echar la vista atrás y pensar en todo lo vivido, Aniko es joven, muy joven, y tenemos viajera y relatos para rato. Para mucho. Porque ella tiene una energía y una vitalidad desbordante, y unas ganas de comerse el mundo que no van a parar en muchos años. Es lo más parecido a una nómada (urbanita) que conozco.

Lo mejor de todo, ya que estamos hablando de un libro, es que Aniko escribe realmente bien. Y no solo este libro: hace un par de años empezó un estupendo blog de viajes, www.viajandoporahi.com, en el que escribía relatos sensibles, interesantes, irónicos y divertidos. Leerla allí siempre fue un gusto, completando los textos con fotografías propias. No solo eso: también escribe artículos para revistas y diarios argentinos, su principal sustento económico; textos y fotos que desgraciadamente son invisibles a los que vivimos en España.

En el libro hay algunas imágenes también. Pero lo que destaca desde la portada son las sutiles y delicadas ilustraciones de Vero Gati que adornan el libro. Una preciosa portada (y unos divertidos mapas interiores) para este gran libro, de 352 páginas, autopublicado, autodistribuido, auto todo… Y eso es un doble mérito: escribirlo es un esfuerzo considerable (que le llevó siete meses), pero publicarlo y conseguir que se venda lo es aún mayor, y más si se distribuye fuera del circuito comercial tradicional: solo se vende a través de su web.

Lo cierto es que se lee de un tirón. Escrito con un lenguaje sencillo, juguetón y vigoroso, lo primero que se observa al abrirlo es la peculiar distribución y maquetación. No es un libro de viajes al uso, pues intercala el texto propiamente dicho con extractos de su diario de viaje tal cual fueron escritos (especialmente en la primera parte del libro, la más lejana en el tiempo) con cartas escritas a su propio diario o a ciudades (en las que salen a relucir la desbordante imaginación de la autora)… Tiene esos pequeños detalles, divertidos y diferentes, que hacen que no sea para nada un libro de viajes al uso.

Como decíamos, el libro no se ciñe a un viaje, sino a varias y largas aventuras. La primera parte nos habla de su gran viaje iniciático de nueve meses por América Latina. La segunda narra momentos de su viaje por el Sudeste Asiático, de casi 500 días, para acabar con una tercera parte dedicada a viajes por Europa y África. Nos habla de cuando se perdió en el desierto; cuando cruzó el tapón del Darién en velero; sobre lo mal que se pasa estando enferma a miles de kilómetros de su casa; de cuando fue entrevistada por Steve McCurry; sobre los momentos de añoranza de la tierra, en la que un alfajor te transporta a miles de kilómetros; de conversaciones con rockeros; sobre los libros que lee en ruta; de decenas de anécdotas con couchsurfers; sobre cómo recuperó su ordenador y cámara de fotos robada; de sus dificultades para moverse por China; del reencuentro con Asturias, la tierra de su papá; de su amada Barcelona; o de las sensaciones desbordantes de viajar por Marruecos… en suma, el día a día de una viajera por el mundo.

Sin embargo, el libro tampoco se ciñe a la clásica estructura del relato del viaje de describir los hechos, las sensaciones, los lugares. Es un libro tremendamente personal, transparente, sincero. A lo largo de los capítulos, Aniko intercala reflexiones sobre su vida, su trabajo, sus viajes. Nos cuenta por qué empezó a viajar; cómo lo hace para viajar y trabajar a la vez; sobre cómo los lugares tienen muchas caras; sobre el turista y el viajero (“cada uno viaja como es, acorde a su forma de ser y su personalidad, por eso toda las maneras son válidas”); sobre por qué le gusta viajar sola; sobre los miedos que tantas mujeres sienten (y que ella misma sintió y superó); sobre cómo supera las depresiones post-viaje; sobre sus lugares favoritos y rincones en los que perderse; y sobre cosas triviales como su afición por coleccionar naipes y el significado que la autora le da. Sin embargo, ciertas reflexiones de la autora (sobre su elección de vivir viajando, de viajar si es lo que te de verdad te gusta, de perseguir tu sueño…) se hacen algo repetitivas, saliendo a relucir en varias partes del libro, seguramente en un intento de reforzar al lector en esa idea de que si ella ha podido, quien se lo proponga de verdad, también podrá.

También la lectura del libro levanta muchos interrogantes sobre los que pensar. ¿Para qué viajamos? “¿Estoy loca por no querer pertenecer al sistema?” o “¿Existe el amor entre una persona y una ciudad?” o “¿Por qué será que volver a casa nos genera tantos sentimientos?”. No solo eso, decenas de reflexiones salpican los textos a lo largo de sus páginas: “los viajes, al igual que los sueños, solamente pueden ser interpretados desde la persona que los vive”; “viajar es aprender a ver más allá de la escenografía, es vivir como un local pero observar como un extraño”; “Muchas veces entendemos un viaje (y sus porqués) tiempo después de haberlo vivido”.

Este libro, está claro, ha sido su primer gran acierto literario. Estoy seguro de que pronto vendrán nuevas publicaciones, nuevos libros que nos permitirán sentarnos a su lado, viajar con ella y, por qué no también, conocerla poco a poco a medida que pasamos las páginas. En una frase comenta “Mi memoria es muy mala. Creo que por eso escribo: para no olvidarme de mi vida”. Nos gusta que sea así. Aniko, no pares de escribir. Ni de viajar.

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Mandara: En las desconocidas montañas del Camerún

TítuloMandara. En las desconocidas montañas del Camerún

AutorRené Gardi

Reseña hecha por: Alicia Ortego  @Alisetter

La Editorial Debate, allá por los años 50 del siglo XX, inició la publicación de una fantástica colección de “libros de viajes” con la Etnología como base. Una colección de títulos magníficos como “Al dar las 12 en Cabul”, o éste mismo que he tenido en mis manos las últimas semanas, en una edición de 1964, rescatado de de las estanterías de mi padre y de un injusto olvido por mi parte.mandara

Me gustaría decir también que seguramente los que mejor han recogido el testigo de esta gran herencia sean los editores de Ediciones del Viento, pero esta ya es otra historia.

Quizá porque “Mandara” y Camerún no me llamaban demasiado la atención cuando revisaba estos títulos en busca de algo que leer hace muchos años, relegué al olvido este título. Paradójico porque cuando preparaba el viaje a Camerún, me volví un poco loca buscando libros en castellano sobre este país. Entonces no lo encontré, hace ya un par de años, pero a principios de este mes de diciembre sí. Quizá porque éste era el momento perfecto para leerlo…

Con este libro he viajado de nuevo a Camerún, y a las magníficas montañas Mandara que hoy se ubican en la región llamada “Extremo Norte” del país.

Una vasta tierra salvaje donde se puede vivir feliz, y, cuya serena libertad se contagia al viajero.

Da gusto leer a René Gardi a pesar de que hace uso de algunas expresiones bastante superadas ya, y de vez en cuando caen pensamientos de la época que sin embargo se entrecruzan con muchos otros realmente “modernos”, o eso me parece a mi… a lo mejor es que no hemos avanzado tanto como creíamos. De vez en cuando hay que revisarse los bajos

Vaya por delante que casi al comienzo hace una declaración de intenciones dirigiéndose a nosotros, los lectores:

Voy, pues, a comenzar mi relato, y si no soy demasiado desgarbado con mi pluma, si consigo sacar al lector de sus cuatro paredes y darle la ilusión de que viaja con nosotros, de que ve lo que aquellas gentes se traen entre manos, de que los oye cantar y tocar sus instrumentos; si logro todo eso, estoy persuadido de que el lector llegará a querer, como nosotros, a aquellos simpáticos “salvajes” de las montañas de Mandara.

Pues lo consigue.

Me he regocijado muchísimo encontrando que aún perviven muchas de las cosas que aquí se narran(y se muestran, porque el libro incluye una magnífica colección de las fotografías que el mismo René tomó durante sus expediciones): la ubicación y arquitectura de las tribus de las montañas; las tradiciones como el toro que es encerrado y alimentado en un corral casi cegado a la luz del sol durante 3 años hasta que llega su día; la importancia de los herreros que capitanean prácticamente todos los actos de la vida cotidiana, ejerciendo de jueces, de médicos, de funcionarios de pompas fúnebres y por supuesto dando bendiciones al lugar donde se va a construir una nueva casa o qué día es más propicio para salir de viaje; la adivinación del brujo a través de los movimientos de un cangrejo dentro de una olla colmada de arena húmeda o con sus piedras mágicas; las borracheras a base de cerveza de mijo en el día de mercado; y un largo etcétera.

Todo esto lo narra René Gardi en su libro, y todo esto lo he visto con mis propios ojos. Aquéllos que habéis ido me daréis la razón, y los que os lo planteáis, me la daréis a la vuelta (eso espero!!).

Pero las cosas ya no son, evidentemente, como en los años 50. Ahora hay motos, algún coche y bicicletas en el paisaje, no muchas pero ahí están. Ahora las tribus visten con ropas más o menos occidentales, o “a la africana”, pero visten ropas… y utilizan bidones y barreños de plástico. Ahora los herreros ya no tienen tanto poder, tanta importancia como antes y seguramente tienen problemas para encontrar sucesores. Quien más y quien menos conoce a los blancos como algo “cotidiano”, dentro de que son pocos los que pasan por allí, quizá unas decenas al año. Pero la esencia aún permanece.

El caso es que René Gardi ya lo veía venir, ya se lamentaba por adelantado de que ése mundo “puro” cambiaría en breve. Era el sentir de los antropólogos de la época, que encontraban cada vez más dificultades para hallar rincones del mundo poco “contagiados” por la modernidad. También registra la consciencia de que su propia acción en el medio contribuiría a dicho cambio, por ejemplo con la muestra y exhibición –además de uso- de su magnetófono-grabador (que, por cierto, describe como “lo último de lo último”, algo que me arrancó una ancha sonrisa).

Lo que me gusta de este libro es, además de su prosa clara y amena, que en su viaje se esfuerza no sólo por conocer y describir lo que sus ojos ven, sino por comprenderlo en su contexto, por entender el punto de vista del otro, llegando a la conclusión más de una vez registrada en su texto de que los “salvajes” no son tales. Ellos tienen su sistema de vida, sus normas, sus rutinas, sus creencias que pueden ser tan válidas como las nuestras, sus miedos y sus alegrías, sus puntos comunes con nosotros como una madre jugueteando con su bebé o una pareja flirteando antes del matrimonio.

Esto y las lúcidas conclusiones que arroja sobre su mundo y nuestro mundo, sobre el futuro de las tribus de las montañas Mandara, de Camerún, de África, de Europa… Transcribo aquí algunos párrafos porque creo que merece mucho la pena compartirlos:

A una pregunta no supo responderme en aquella ocasión el cangrejo. Me habría gustado saber, y saberlo con certeza, qué destino esperaba a los matakam en el transcurso de los próximos decenios. ¿Qué será de ellos? ¿Verán destruidos en unos pocos años sus fetiches y rotos sus jarros de almas? ¿Se convertirán en mahometanos superficiales o en cristianos de boquilla?¿podrán seguir viviendo en sus montañas en su condición de pequeños y arrogantes labradores, o serán “incorporados a la producción”, allá abajo, en las tórridas llanuras?

Ahora la nueva época irrumpe en aquellas montañas, sin dar tiempo a los hombres para transformarse; lo que en Europa costó siglos, aquí se hace en unos años. Es una catástrofe comparable a un terremoto.

¿Acaso los europeos no nos matamos trabajando, no corremos y no nos afanamos febrilmente, con el único fin de proporcionarnos cosas que no necesitamos en absoluto? ¿No hablamos con gran frecuencia de producción, rendimiento y beneficio, como de los elementos esenciales de la felicidad? ¿No nos desprendemos un poco más cada día, de nuestra vida interior a cambio de meras superficialidades, de movimiento y ajetreo, de industrias suntuarias, lujo de oropel y engañosas sorpresas? Estamos confundiendo el bienestar material con la felicidad. Yo, por mi parte, abomino de todo progreso técnico que sólo sirve para matar el alma.

Los incivilizados no viven sin cultura. Mientras se les deja en paz en su aislamiento, sus leyes ancestrales y sus estrictas reglas de vida son para ellos fuerza y norma. La desgracia está en que la civilización destruye mucho de ello antes de lograr construir una ética nueva.

Queda este libro recomendado, si podéis encontrarlo en las bibliotecas o en las librerías de segunda mano. Realmente merece que lo rescaten del olvido.

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Mustang. Reino perdido en el Himalaya

Título:Mustang. Reino perdido en el Himalaya

Autor: Michel Peissel

Reseña hecha por: Alicia Ortego  @Alisetter

Éste es un clásico de la literatura viajera, que estaba en las estanterías de mi padre desde quizá antes que yo misma… lo leí en su día, pero no lo recuerdo prácticamente y es ahora, al releerlo en la versión ebook, cuando he decidido reseñarlo.Mustang el reino prohib

Michel Peissel nos transporta al Mustang, una región que rendía vasallaje al reino de Nepal, pero de proximidad y cultura tibetanas. Un reino cerrado a los extranjeros occidentales hasta mediados del s. XX, y en 1964 el autor consiguió por primera vez para un occidental un permiso para una estancia larga en el mismo… apenas 2 meses.

Impresionante ¿no? En breve hará sólo 50 años que esta pequeña esquina del mundo se “abrió” al resto del mundo, no sé si para bien o para mal, o para ambas cosas.

Es tan remoto que, virtualmente, ha de ser independiente”

Peissel viaja desde Katmandú, pasando por Pokhara hacia el reino de Lo (Mustang). Lo hace en compañía de un tibetano de Lhasa que debía ocultar su verdadera identidad por cuestiones políticas, ya que China había invadido Tibet y trataba de continuar su expansión. Se dirigían, pues, a un territorio inestable, y Michel no oculta su nerviosismo por ello, pero tampoco decide dar media vuelta.

Entre otros territorios, el pequeño y bien fortificado Mustang era uno de los objetivos de los chinos… Porque aquí, entre las montañas más altas del mundo, las ciudades llevan siglos defendiéndose y luchando entre sí. Las murallas son parte de su ser, y quizá gracias a ellas han logrado conservar sus modos de vida a todos los niveles.

Disfrutamos tanto del camino de ida, como de su llegada a Lo. Sin llevar con él más que lo básico, elimina la mayor parte de los pertrechos modernos y después de adoptar la chuba (chaqueta o abrigo tibetano que protege del frío, viento, y aporta bolsillos en los que llevar las pertenencias), practica su recién estrenado tibetano por el camino. Un camino que hace andando, con mulas primero y después yaks.

Se transporta al Medievo y se llega a fundir con él, o al menos así lo experimenta cuando echa la vista atrás después de unas semanas de viaje y estancia en Lo. Todo un viaje épico.

El gran valor de este libro es el relato de un mundo que quizá aún conserva mucho de lo aquí descrito, porque el antiguo reino del Mustang, que sigue perteneciendo a Nepal, no es una ruta frecuente para los extranjeros. Sigue siendo difícil alcanzarlo, conseguir permiso, y recorrerlo a pie, por lo que he podido leer en la Red sobre él.

Es un relato muy contemporáneo para con nuestra forma de pensar, y que lo hace en forma de antropólogo de mirada curiosa, que intenta juzgar y comparar poco (no siempre le sale bien, e incluso a veces lo reconoce abiertamente).

Es también un relato organizado, pues Peissel quiere escribir un libro (el que leemos) y quiere aportar a la Antropología el conocimiento de este lugar: los capítulos sobre creencias, costumbres, relaciones hombre-mujer, política, agricultura, arquitectura, etc., se van desarrollando poco a poco.

Pero también es un relato personal y humano, cargado de impresiones sobre sus sensaciones y sentimientos, y con algunos de los cuales uno se puede sentir identificado fácilmente.

El juego con dinero, las apuestas, constituyen en el Himalaya una verdadera manía. Cualquier cosa sirve de pretexto: desde adivinar cuántos asnos y cuántos yacs pasarán al atardecer por la puerta de la ciudad, hasta una especie de dados tibetanos formados con pequeños huesos o con alubias.

Empezamos conociendo a la tribu de los fieros khampas, guerreros valerosos que se afanan en proteger las fronteras. Son temibles, son orgullosos, son un poco imprevisibles… dan miedo y fascinan a la vez.

Después a los paisajes de Mustang, sus poblaciones fortificadas, sus costumbres y sus creencias que beben de las mismas fuentes que las del Tíbet, y en un momento precioso, cuando avista por primera vez la capital del reino de Lo, se acuerda del mito de Shangri Lha.

Según aseguran las creencias budistas, el ser humano está hecho de fuego, tierra, agua y viento. Pemba me lo explicó diciéndome: “un hombre está caliente; es el fuego que tiene. Si te arañas la piel, verás que se vuelve blanca debido a que te quitas la tierra que hay en ella. El agua la ves cuando la escupes, y el viento lo encuentras en los pulmones”. Los tibetanos consideran que el aire y el espíritu son una misma cosa, y en ello se asemejan a los antiguos griegos, que llamaban “alma” al viento.

Uno de sus grandes objetivos es conseguir desvelar la Historia de Mustang. La historia contada por historiadores, por crónicas oficiales locales, claro… No os voy a desvelar si lo consigue o no, solamente os diré que la historia de reyes, reinados y dinastías no parece ser algo que forme parte de la sabiduría popular, o nadie se presta a contárselo. Y esto es curioso porque más adelante nos habla de que éste es un pueblo que insiste mucho en la Inteligencia de las personas. Efectivamente, ser inteligente es un rasgo valorado y encumbrado, un rasgo que permite que las personas que lo son y que lo consiguen (pues se fomenta la sabiduría y el razonar sobre las cosas) no tengan que trabajar como los demás. Se admira que alguien no tenga que trabajar a cambio de cultivar su intelecto… de ahí que los lamas y muchos monjes no trabajen como el resto de los individuos. Aquí Peisser no se resiste a comparar con nuestra sociedad. Y este texto es de antes de 1970…

Otra característica del Mustang es la alta estima en que se tiene a la inteligencia. Las masas lobas ambicionan ser brillantes, cultas, inteligentes, desean aprender; a los niños se los alienta siempre a que se interesen en temas intelectuales y a la sabiduría se la admira y estima sin regateo. Aunque nos guste pensar que se trata de una constante universal, debemos convenir en que no es así. En nuestros países occidentales consideramos el “trabajar de firme” virtud mucho mayor que el tener una inteligencia privilegiada. […] Nuestra educación está más dirigida al trabajo que a la reflexión.

Otro rasgo a destacar de los habitantes de Lo es el buen humor, y también el valor que dan a la Felicidad, aunque ésta es sinónimo de Belleza.

He encontrado muchos lugares comunes con otros libros ya leídos sobre Tíbet, su religión, costumbres, vestimentas, gastronomía… pero como el autor afirma, aquí encontró las cosas en su estado más original.

¡Y se lamenta de cómo otros países asiáticos como India, Nepal o incluso Birmania han cambiado tanto su fisonomía y costumbres por la Modernidad! ¡en 1964! ¡Qué diría ahora si los viera! 

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