El Expreso de Rangún, genocidio y otros relatos

Título: El expreso de Rangún, genocidio y otros relatos

Autor: Norman Lewis

Reseña hecha por: Iván Marcos   @ivanmarcos

La escuela británica de escritores de viajes siempre ha sido muy prolífica y probablemente sea la más reconocida de todo el mundo. Algun@s de sus autor@s nos han ido dejando auténticas obras maestras  y durante el pasado siglo XX hay referencias tan excelsas como Patrick Leigh Fermor, Wilfred Thesiger , Norman Lewis, Jan Morris , Rosita Forbes, Colin Thubron, Gertrude Bell,  o el propio Bruce Chatwinexpreso rangun

A pesar de mi pasión por el género de la literatura viajera debo reconocer que tenía pendiente  desde hace años al gran Norman Lewis . Ya se sabe, tienes varios de sus libros en las estanterías de la biblioteca personal o de la pública, pero siempre lo vas postergando hasta que llega un momento que resulta ser el ahora empiezo con ello.

Los amantes de la simbiosis entre literatura y viajes tenemos una gran estima a la Librería Altaïr de Barcelona, tanto su revista como sus colecciones nos han regalado una ingente cantidad de conocimiento del mundo, pero también de nuevos sueños y proyectos. Siempre he disfrutado al pasar por la citada librería, y ahora que vivo en Barcelona acudo varias veces al mes, para buscar libros o simplemente para tomar un café en la agradable compañía de amigos. El calor del lugar mezcla como nadie el  disfrute y la pasión por los libros y la aventura, y siempre con el planeta tierra de fondo. La nueva Colección Heteródoxos de Altaïr guarda algunas joyas literarias que me he prometido ir explorando poco a poco, y que mejor que empezar con el presente libro.

Norman Lewis nos regala un libro precioso de relatos en el que se refleja su pasión y vida como trotamundos.  Los relatos se suceden y nos llevan a lugares tan diversos como fascinantes: Belice, Ibiza, Luang Prabang, Ghana, Brasil , Guatemala, Liberia o Birmania. Entre tanta diversidad de lugares, culturas y situaciones se muestra la excelencia del autor, como viajero y escritor.

La prosa de Lewis es excelsa y tiene la capacidad de hacernos disfrutar y a la vez entender el mundo. A ratos ejerce como mero  observador, otras lo hace como si de un reportero se tratase, pero siempre lo hace con maestría, humildad, conocimiento y una innata elegancia.

Hay situaciones comunes del día a día del lugar, pero hay muchos encuentros con gentes, con animales y con la Historia. Su denuncia con el relato Genocidio llamó la atención de muchos medios alrededor del mundo, aquel texto fue una obra que daba datos del exterminio que  sufrieron muchos indios del Amazonas.

Norman Lewis destila una forma de escribir que hace recordar a muchos grandes reporteros,  su vida de viajero fue complementada con el periodismo  con colaboraciones en medios tan prestigiosos como The New Yorker o The Observer.  Desde la complejidad de Centro América al ambiente relajado de Ibiza, desde la herencia británica en Birmania hasta la diversidad africana.

“No me siento extraño en ningún sitio” nos decía el genial viajero y escritor, quizá es la mejor definición para rendir homenaje al libro y a toda su obra.

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Polifemo vive al Este

Título: Polifemo vive al Este. Viaje a la trastienda de Europa

Autor: Daniel Pinilla

Reseña hecha por: Iván Marcos  @ivanmarcos

El presente libro es una obra que nos lleva a algunos de los países que formaron aquello que se llamaba el Telón de Acero. El autor huye con ganas de España en busca de la Europa menos conocida. El viaje empieza en los Balcanes y luego lo hace a lugares como Odessa en Ucrania, Grecia, Estambul y finalmente el Cáucaso. También hay espacio para  lugares no reconocidos por la comunidad internacional como Transnistria. Territorios interesantes como pocos y con espacios donde se cruza el conflictivo pasado con un incierto futuro.Polifemo_vive_al_Este_cubierta.pdf_160

Conozco una parte importante de los caminos recorridos por el autor y debo decir que es uno de los mejores viajes históricos y de aventura que uno puede realizar en Europa. Países como Bosnia, Rumania, Macedonia o Bulgaria siguen siendo lugares excepcionales para el viajero independiente. Fronteras, cruce cultural y la sensación de caminar por la Historia es un premio demasiado jugoso para los que decidan aventurarse a hacer un viaje por los citados territorios.

El viaje ( y el libro) de Daniel mezcla momentos brillantes con otros bastante más rutinarios. En mi humilde opinión es algo que ocurre en muchos de los viajes de larga duración. Quizá los mejores momentos del libro son los improvisados, cuando escribe lo que le sale de dentro y se deja llevar por la inocencia de las personas que se encuentra o de los lugares que se conectan con hechos históricos. Los más rutinarios del libro son los que detallan muchas cosas que ocurren en hostales o en su día a día, algo bastante constante por cierto en los viajes de mochilero.

Hay momentos en los que el autor reflexiona sobre el pasado y lo acopla a su propio viaje, algo normal tratándose de una zona donde la historia se siente con salir a la calle. La herencia histórica de décadas bajo el yugo comunista es algo que se siente en muchos de los territorios por los que vamos viajando con Daniel. Los cruces de imperios se sienten en fronteras artificiales, el guerras no demasiado lejanas, pero sobre todo en el enorme cruce cultural del Oriente de Europa.

Allí, en la trastienda de Europa resurgen los ecos y los cruces de caminos entre los viejos imperios. Ya no existen muchas de las fronteras de aquellos países que una vez estuvieron bajo el dominio Austro-Húngaro, Otomano y Ruso. Pero obviamente todavía siguen estando demasiado presentes los ecos del pasado (tanto del lejano como del cercano), y es ahí donde un periodista como Daniel saca la inocencia del viajero que va, mira y escribe en su libreta de notas sobre lo que se encuentra y siente.

El libro nos va llevando a la propia rutina y emoción del viaje, pero también coma los inevitables encuentros inesperados con gentes humildes que aparecen en los caminos, a los choques con la sempiterna burocracia o al inevitable encuentro del autor con su yo más profundo.

Un libro recomendable para viajar por unas regiones tan fascinantes como duras y enigmáticas. Un viaje que nos lleva a reencontrarnos con fantasmas de la propia historia.

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La calavera del sultán Makawa

Título: La calavera del sultán Makawa

Autor: Rudolf Frank

Reseña hecha por: Iván Marcos    @ivanmarcos

Algo bueno tiene que tener un libro que los jerarcas nazis decidieron quemar por su contenido. Dirigiendo la propaganda nazi estaba Goebbels y entre aquellas obras había también clásicos de Hemingway, London, Freud  o Einstein. Esto es lo primero que tiene que considerar el lector que se aproxime a la presente obra, estamos ante un libro y un autor que no gustaba  por su contenido a los psicópatas nazis ya que era un alegato antibelicista. calavera sultan makawa

Una cosa que puede sorprender es el extraño nombre para referirse a una historia de guerra, pero a lo largo del libro uno va  a ir descubriendo la relación entre el nombre y la curiosa leyenda.

El año 2014 ya ha quedado atrás y con ello el centenario de la Primera Guerra Mundial, la famosa y terrible guerra de las trincheras. Aquella guerra empezó con un fatídico disparo en Sarajevo y fue una contienda que cambió Europa y Oriente Próximo, eso es algo que no debemos olvidar nunca. Aquello fue una guerra cruel que sigue estando muy presente en la actual problemática geopolítica del mundo ya que las fronteras del imperio otomano y el austro-húngaro alteraron la realidad de muchos países.

He disfrutado enormemente leyendo el libro, es una historia humana y tierna en el escenario de la guerra y la muerte. La historia va ligada a la vida y realidad de un niño polaco de nombre Jan, el día que cumple catorce años ve su aldea destruida por la artillería alemana. Su inteligencia, constancia, nobleza, sencillez y unas altas dosis de suerte le acompañan y va creando un estado peculiar de ánimo que hace que los soldados alemanes le adoptan.

Acompañado por su perro, el joven Jan va avanzando con las tropas alemanas y se enfrente al horror de la guerra con una actitud positiva que ayuda a los soldados. Ciertos golpes de suerte y la inestimable ayuda del joven polaco van haciendo que los alemanes se salven de la muerte en varias ocasiones. Por ello las tropas van viendo en el niño a un talismán que les va salvando de una muerte segura.

La guerra nos va mostrando parte de su  cruel esencia, con esos espacios donde la muerte se mezcla con la soledad, el hambre, la tristeza y la añoranza de los seres queridos. La palabra patria como tantas otras veces muestra unas palabras huecas y vacías que lleva a muchos jóvenes a ignorar por qué están luchando.

Jan va avanzando por la vida y en cierta forma va mostrando como su inocencia le guía por las tinieblas del conflicto que se bautizo como la Gran Guerra, una contienda en la que el propio escritor del libro combatió. El libro tiene hoy más sentido que nunca, es una obra contra la propaganda belicista y contra la sin razón de una Primera Guerra Mundial  cuyas consecuencias serían un preludio del auge del nazismo y de la posterior Segunda Guerra Mundial.

Una obra maestra que se lee como un cuento y que termina de la mejor de las formas posibles…

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Esas mujeres llamadas salvajes

Título: Esas mujeres llamadas salvajes

Autora: Rosita Forbes

Reseña hecha por: Alicia Ortego   @Alisetter

Rosita Forbes es una de esas viajeras y escritoras de viajes que no dejan indiferente, así que no dudé en adquirir este libro en cuanto me topé con él en la librería de viajes Altaïr. Ya había leído sus andanzas por Uzbekistán, Irán y Afganistán, en el título que acertadamente llamó La ruta prohibida. Sabía que era una mujer de armas tomar, y con un gran sentido del humor. Esas mujeres llamadas salvajes_21mm_050214.indd

Pongámonos en situación: nacida a finales del s. XIX, un matrimonio que acabó en divorcio hizo que esta dama inglesa empezara a recorrer mundo en los destinos coloniales de su país.

Tras el divorcio, recuperando o más bien estrenando su independencia, se lanzó a recorrer el mundo. Por supuesto disponía de un colchón de dinero y contactos que hacía todo más fácil pero… en la primera mitad del siglo XX, siendo mujer, sola, utilizando todo tipo de transportes, no dudando en disfrazarse para entrar en lugares prohibidos (sobre todo a las féminas, pero en general a los extranjeros), aprendiendo a hablar árabe, y con una buena dosis de humor y paciencia… no le vamos a quitar mérito sino todo lo contrario!

Viajes que por necesidad debían durar meses y contaban con una buena dosis de riesgo. Ya entonces había conflictos, guerras, lugares en los que cualquier extranjero era sospechoso, y por supuesto gente dispuesta a robar, estafar o quién sabe qué al viajero. Pero también, como ahora, el mundo existía y era practicable en buena parte de sus regiones.

Yo creía que Rosita había circulado fundamentalmente por Asia, pero entonces me encuentro con este título ya de por sí rompedor: Esas mujeres llamadas SALVAJES, y con él una vuelta al mundo!!

En realidad es un compendio de relatos escritos a base de sus recuerdos y con un objetivo: contar las historias de sus encuentros con mujeres de todo tipo y condición, de muchos rincones del mundo: esclavas, grandes señoras, mujeres que viven atrapadas en el harén, mujeres revolucionarias en Rusia y Asia Central (Azerbaiyán, Kurdistán), mujeres del fuego en la Guyana Holandesa.

Vamos saltando de la Amazonia a Turquía, pasando por supuesto por Tíbet, Java, Siria, China en plena guerra… De los ritos sagrados a las costumbres y modos de vida que a Rosita más le chocan, y que no deja por ello de comparar o de criticar si así lo cree conveniente. De una cárcel china a la penumbra de la selva o los ritos de vudú.

¡Menudo carácter, menuda vida!

No es un libro “para mujeres”, que conste, dado que hay muchas historias entrelazadas y también hay hombres protagonistas de las mismas. Tampoco es un libro escrito en clave femenina. Rosita Forbes era una mujer sumamente práctica, y en buena medida se tenía que despojar de su feminidad para sobrevivir y seguir camino, aunque nunca del todo…

Sí es un libro para pasarlo muy bien y para imaginar los paisajes y ambientes que con calidad fotográfica Rosita describe magníficamente, sin que haya palabras de más.

En Miani, lugar famoso por el tamaño y apetito de sus insectos, el telegrafista, al que un enjambre embravecido había despertado de la modorra, me ofreció “una habitación muy limpia perfectamente dispuesta para que yo la ocupara”. Subimos al sitio y me encontré con un hombre despatarrado sobre la cama, roncando. Sin ceremonia alguna, lo sacaron a rastras de aquella “habitación muy limpia”, copiosamente provista de escupideras y, después de echarlo, arrojaron la ropa de cama por la ventana. Pero a la hora, más o menos, el hombre regresó a presentar sus más humildes disculpas y a recoger sus menos discretas y, por tanto, inefables, pertenencias. Así que lamenté que antes del amanecer apareciera el conductor voceando: “oh, noble señora de gran fortaleza, es tan tarde que vamos a envejecer de camino a Tabriz”, lo cual significaba que quería ponerse en marcha.

Quizá mi capítulo favorito es cuando se encuentra con Alexandra Dávid-Néel en un restaurante de París. Se fijó en ella porque le resultaba conocida pero no sabía de qué, y es que hacía no muchos años Rosita Forbes había viajado por Tíbet y en el camino se encontró con una monja anacoreta con la que no cruzó palabra pero… esos mismos ojos la miraban ahora unas mesas más allá.

Resulta que esta viajera no conocía a la otra gran viajera y escritora contemporánea, que sin embargo ya era muy popular en la sociedad parisina, pues ya había viajado hasta 5 veces al territorio prohibido y había vivido en la misteriosa y lejana Lhasa.

Fueron presentadas y Rosita cayó rendida a sus pies enseguida, pues la famosa dama viajera, Alexandra: “poseía todas las virtudes, incluido el sentido del humor (…) Su erudición le permitía redactar -en seis idiomas- temas tales como ‘Teoria individualistas de la filosofía china’ y ‘El budismo contemporándeo en contraposición a las enseñanzas de Buda’, pero hablaba de forma directa y natural. Su boca se abría en una amplia sonrisa. Ella había sabido disfrutar de lo que a otros les habría parecido intolerable.

Quedémonos, pues, con este libro de Rosita Forbes que sin duda es una buena elección para soñar, viajar con la mente y acordarnos en nuestros próximos viajes de esa mirada que se fija en los detalles y disfruta de la vida con poco material y mucha voluntad, que al fin y al cabo es de lo que se trata ¿no?.

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Mango con pimienta. Un viaje a Kerala

Título: Mango con pimienta. Un viaje a Kerala

AutorÁngel Martínez Bermejo   @angelmbermejo

Reseña hecha porPablo Strubell  @PabloStrubell

Intuyo que pararse, probar, observar, debatir, preguntar, sentir, sudar, conversar, oler… son algunas de las máximas de Ángel Martínez Bermejo en cada viaje. Y escribir, por supuesto. En este caso Mango con pimienta, un sensacional relato de viajes por una de las provincias más atípicas dentro de la India que fue, y sigue siendo, famosa por sus especias. Jengibre, pimienta o nuez moscada hicieron que los europeos mostraran atención por esta región bañada por el océano Índico, en la costa oeste de la India.mango con pimienta

Hoy llaman la atención otros aspectos sociales, casi únicos en ese país: una esperanza de vida casi como la de países occidentales; la alfabetización prácticamente universal; que apenas se vean niños mendigando en las calles; la amplia tolerancia hacia otras religiones o el aprecio hacia la figura y papel de la mujer en la sociedad. Sí, un pedazo de tierra muy especial y diferente de la India.

Ángel Martínez Bermejo es todo menos un novato en esto de la escritura de viajes, pero paradójicamente, con 55 años, ha visto publicado su primer libro, titulado Mango con pimienta. Visto el resultado y leyendo su biografía en la solapa intuyo que habrá sido únicamente por falta de tiempo: desde que acabó sus estudios en Geografía y Antropología no ha parado de escribir en medios como Geo, Ronda, Lonely Planet, El País Semanal y Altaïr, donde yo más le leía. Toda una vida dedicada al periodismo de viajes (en la actualidad dirige la web de viajes kamaleon.travel) de un viajero que explora el mundo sin prejuicios; sin ánimo de impresionar a nadie; humilde; sosegado; observador; curioso.

Premiado con el IX Premio internacional de literatura de viajes Ciudad de Benicassim y publicado por la Editorial Onada (Colección Narrativas, número 4), el libro, de 157 páginas, se devora. Pero no hay que llamarse a engaño: es un relato con un ritmo pausado como el lugar que recorre, en el que combina de manera hábil la historia (se nota que le tira, y mucho, la de la exploración, la de los primeros pobladores, sin la cual en realidad no se entiende hoy Kerala), las personas que va conociendo y sus propios pensamientos.

Los viejos exploradores aparecen por sus páginas con frecuencia, como es comprensible: Kerala fue una zona deseada, querida, transitada. Marco Polo, Ibn Battuta y, tiempo después, los portugueses establecieron puertos en las costas para trajinar mercaderías que en los siglos XV, XVII y XVIII valían su peso en oro.

El autor parece que se ha enfrentado al libro, a cada pasaje, como si de un artículo de revista de viajes se tratara: dándolo todo, intentando mostrar todas sus virtudes: una prosa ágil, de descripciones ligeras pero certeras, con los adjetivos justos, sin caer en ningún momento en el barroquismo ni la pesadez; con buena documentación; en primera persona pero sin caer en el narcisismo. Y, lejos de resultar una recopilación de textos inconexos, el hilo conductor del viaje, su propia ruta, teje un relato ameno e interesante en busca de aquellos lugares que explican la historia, la cultura y las religiones que conviven en esta región.

El periplo arranca en Kochi, uno de los puertos más importantes del Índico, donde a través de sus almacenes de especias, bazares, canales, mezquitas, sinagogas e iglesias, poco a poco empieza a traslucir esa mezcolanza cultural y religiosa que caracteriza a esta región. Parur, Kodungallur, Allappuzha y los backwaters, los numerosos canales de agua que pueblan esta región y que desde hace siglos han sido las mejores vías de comunicación posibles, vienen después. Desplazándose a veces en autobús, algunas en tren, otras en taxis, en rickshaw o a pie, llega Kottayam donde, haciendo honor a su formación de periodista, visita el periódico más importante de la región. Su periplo le lleva hasta la reserva de Periyar en busca del tigre, a las pequeñas aldeas del sur para intentar contemplar el kathakali (la especial y por ello más conocida forma de teatro de Kerala); o a Kozhikode, donde consigue ser invitado a un entrenamiento de kalarippayattu, una de las artes marciales más sorprendentes del mundo.

El libro resulta ameno. Nos cuenta historias de los judíos, de exploradores como Vasco da Gama, de Santo Tomás, del pasado comunista de la región o de personajes como Kamala Das, la más reconocida poetisa india. Disfruto leyendo los pequeños detalles en los que el autor hace que nos fijemos: los carteles que hay en las carreteras, las decoraciones de los autobuses, lo mucho que lee la gente, los mapas con escalas inexactas… O las historias de la gente con la que se encuentra: el taxista cuya segunda hija está a punto de nacer; el patrón de barco con el que surca los canales; los exguerrilleros metidos a guías de turismo…

Por no faltar no faltan ni pinceladas de fino humor autoparódico, más propio de autores anglosajones, o las reflexiones personales que van salpicando la historia:

“Pienso que la idea de que existan animales que puedan devorarnos, por improbable que sea, nos ayuda a encontrar nuestro lugar en el mundo. Estamos acostumbrados a sentirnos los amos de la creación, intocables, pero en realidad no siempre ha sido así.”

Mango con pimienta es, por tanto, un libro directo, amable, fácil de leer y que gustará a aquellos interesados en viajar a Kerala, a India o, simplemente, a los que guste la buena literatura de viajes, independientemente del lugar a los que nos lleve el autor.

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Los acuarios de Pyongyang

Título: Los acuarios de Pyongyang

AutorKang Chol Hwan

Reseña hecha por: Iván Marcos   @ivanmarcos

Corea del Norte es probablemente uno de los países más cerrados del mundo. El sistema coreano se basa en una dictadura comunista hereditaria de corte Stalinista. Ya no queda nada de la URSS y Stalin queda muy lejos a todos, incluso a los propios rusos, así que ver el sistema en Corea del Norte  en tiempos de internet sigue siendo una cosa que casi nadie cree poder entender.acuarios de pyongyang

La Guerra de Corea fue uno de los grandes escenarios de la Guerra Fría  y quizá el primer gran desastre de aquella confrontación entre soviéticos y norteamericanos. La contienda bélica trajo consigo unas consecuencias que todavía hoy siguen viéndose. Por un lado, una parte de Corea se quedaba bajo el amparo de Moscú y la otra bajo el de Washington, varias décadas después todavía podemos analizar las consecuencias de aquella división a lo largo del Paralelo 38. Un país dividido, y la peor parte obviamente para los que se quedaron en la parte del norte.

A veces cuesta pensar que todo ello  siga vigente en pleno siglo XXI y en la época de google o de facebook. El muro de Berlín caía, la Unión Soviética lo hizo también, pero cuesta entender como la locura de Corea del Norte todavía sigue. Lo que ocurre de puertas adentro de Corea del Norte es uno de los grandes misterios del mundo y algo que ha estado vetado a cualquier occidental. El país vive una paranoia propia de una película de ciencia ficción o de un libro de George Orwell, y así, bajo el yugo del culto al líder se vive el vía crucis de  millones de norcoreanos que sufren las consecuencias. Ver las fotos de Corea del Norte de noche ayuda a entender el aislacionismo que tiene el país.

Durante las pasadas décadas Corea del Norte sufrió inmensas  hambrunas que se llevaron la vida de cientos de miles, quizá millones de personas, pero el país seguía y sigue gastando en el ejército, en armas y en una supuesta bomba atómica.

De vez en cuando también aparecen noticias  relacionadas con Corea del Norte como ver al estrambótico  ex jugador de  Dennis Rodman visitando el país como si un diplomático fuera. Además , cada x tiempo los medios de comunicación abren las noticias con las habituales tensiones entre Corea del Norte con su vecino del Sur y con el sempiterno enemigo de los Estados Unidos. Otras veces también aparecen noticias extremas, como la ejecución del tío del líder coreano Kim Jon-un.

Pero el libro del que hoy hablo no tiene nada que ver con todo esto, es una obra fundamental  que refleja de forma extraordinaria y  real algunas de las cosas que acontecieron y acontecen tras el sistema dictatorial y genocida de Corea del Norte.Y todo a través de la vida de una persona de carne y hueso que sufrió en sus carnes el sistema norcoreano.

Se trata de una historia humana desgarradora que viene a recordarnos aquellas historias del gulag soviético. Como tantas otras veces ,un libro nos lleva a entender la vida de un país a través de la propia experiencia de una persona, se trata de  Kang Chol Hwan y la de parte de su familia.  Al igual que tantos otros coreanos, su familia fue emigrante en Japón, sus abuelos prosperaron e hicieron fortuna en el país nipón, pero por ingenuidad decidieron regresar a Corea del Norte en unos tiempos en que el sistema estaba bajo una cortina  llena de humo y de engaños.

Sus abuelos habían regresado para tratar de encontrar una sociedad igualitaria y socialista, pero al poco tiempo vieron como ellos y la mayor parte de su familia terminaban en uno de los numerosos campos de concentración dispersos por el país. Coche, dinero y posesiones fueron obviamente a parar al Estado, a cambio eran enviados a un campo de concentración . Ya se sabe, la causa inventada era para reeducar a unos burgueses conspiradores que habían estado en un sucio estado capitalista como el vecino Japón. La patria socialista solamente quería a almas puras y sumisas que admitieran las verdades absolutas del líder, como borregos y sumisos.

El título se refiere a los acuarios y eso es  debido a la pasión  confesa de Kang por unos peces que siempre tenía en su casa. Sus peces y su inocencia murieron cuando con poco más de 10 años de edad fue internado en un campo de concentración. Al igual que en el Gulag soviético, la infame condición humana llevó a miles de coreanos a la muerte y a sufrir la barbarie de sus compatriotas. El libro nos va narrando su día a día en el campo, las relaciones humanas entre presos y con los guardias del campo. Muerte, frío, hambre, trabajo extremo y miedo son una parte básica del libro. El ser humano reducido a la nada absoluta, y de fondo el Sistema Orwelliano de chivatos, detractores y de un tirano genocida que se cree Dios.

Muertes de todo tipo se van apareciendo, desde las inevitables por el el hambre y el frío, a otras que vienen de los asesinatos por protestar o por los diversos intentos de fuga. El campo era un devenir de esqueletos humanos, de presos que se  siguen muriendo de frío y que tienen que comer ratas para llevarse algo de proteína a la boca. Desolación, muerte y falta de esperanza en unas pobres gentes que no logran entender las razones por las que están presas.

Pero como en tantos otros casos, la esperanza es la última cosa que se pierde, el niño crece y se adapta a las circunstancias para intentar huir de un país que es una prisión. La primera liberación viene del campo cuando algunos de los presos como Kang han recibido el perdón del tirano dictador que gobierna el país, algunos de los que consiguen salir como nuestro protagonista han pasado presos durante una década de sus vidas sin motivo, sin juicio y sin culpa.

La fuga del país viene a ser un sueño que se realiza, primero con la huida a China gracias a la perseverancia, a la suerte y la providencia. Posteriormente tiene lugar la huida final, la que le lleva  a una Corea del Sur para desde allí denunciar el sistema cruel que se vive en el Norte.

Una historia humana dramática y dura que se convierte en un libro extraordinario para entender algo más de las tinieblas que se esconden tras la infame dictadura norcoreana…

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Viaje al blanco. Último grado al Polo Norte

TítuloViaje al blanco. Último grado al Polo Norte

Autor: Jordi Canal-Soler @jordicanalsoler

Reseña hecha por: Pablo Strubell  @PabloStrubell

¿Te has preguntado cómo se siente uno al alcanzar el Polo Norte? ¿Cómo es estar allí, en mitad del blanco, en ese lugar donde se encuentra el eje de la Tierra? No, no me refiero a cómo se siente uno tras llegar allí en un helicóptero, poner pie en tierra, sacarse una foto con un chupito de vodka y regresar por donde se vino, como hacen algunos viajeros pudientes. Me refiero a llegar tras sufrir durante días, esquiando, luchando contra los elementos, tirando de pesados trineos con todo el equipo y comida y solo contando con el propio esfuerzo y resistencia para alcanzar uno de los lugares más extremos e inaccesibles del planeta. Viaje al blanco TAPA

Hasta hoy lo podíamos imaginar pero gracias a Viaje al blanco. Último grado al Polo Norte (Editorial UOC, 2014. 14 euros), el primer libro de Jordi Canal-Soler, ahora también podemos saber qué es y qué se siente al conseguirlo, casi de la misma manera en que hace más de cien años lo hicieron los primeros exploradores: contando con sus propios medios, sin ayuda externa ni locomoción mecánica.

Nunca es mal momento para leer Viaje al Blanco, pero ahora que llega el frío uno puede meterse mejor en la piel de Jordi, Santiago y Eusebio, los otros exploradores que junto al autor (y guiados por el ya mítico explorador polar Ramón Larramendi) recorrieron en 2009 el último grado de latitud para alcanzar el ansiado Polo Norte.

Como todos los buenos libros de viajes, el relato fluye ágil. Está escrito con sencillez, sin pedantería, y con acierto el autor entremezcla la narración del día a día de su expedición con la historia de la exploración polar (especialmente la de Nansen y Peary, aunque también otros exploradores contemporáneos aparecen en sus páginas, como Borge Ousland, Mike Horn o el Ramón Larramendi). Escrito a modo de diario de viaje, está estructurado en 9 capítulos, cada uno de ellos relatando un día de su aventura. Al principio de cada uno de estos se indica la posición, la temperatura, el viento… aspectos que poco a poco nos ayudan a meternos aún mejor en la historia.

El libro tiene de todo. No faltan los momentos que encojen el corazón, como cuándo el autor está empezando a sufrir síntomas de congelación en su nariz o en sus manos; o cuando se la congela la camiseta interior con el consiguiente riego; o cuando está a punto de caer al agua helada tras resquebrajarse el fino hielo. Otros que emocionan, como cuando ven una foca anillada (algo muy poco frecuente hasta los últimos años); y, por supuesto, el momento en que llegan, finalmente, venciendo todas las dificultades, todos los retos y con la satisfacción de conseguir un sueño tan anhelado.

Y si se desconoce por completo cómo son ese tipo de expediciones y aventuras, uno de los aspectos que gustarán al lector será conocer los pequeños detalles de la expedición, del día a día: cómo hay que esquiar tirando de pulkas (trineos de carga) de decenas de kilos de peso; qué tipo de equipamiento llevan o qué comen; cómo se reparten las tareas al montar y desmontar el campamento; a qué peligros se enfrentan los exploradores polares (grietas, osos, viento…); lo incómodo que es el vapor de agua que se exhala al helarse en la barba; cómo hacer las necesidades ordinarias en condiciones extremas; o esos pequeños trucos de explorador para evitar que los sacos de dormir se hielen o que no se congelen los pies (¡usando bolsas de plástico!)… En suma, una perfecta descripción a lo largo de sus 148 páginas de lo que espera a todos aquellos que sueñen a llevar a cabo una gesta como esta.

A lo largo de sus páginas no hay momento para la monotonía, a pesar de que la expedición se realice en un entorno aparentemente repetitivo, yermo y hostil, en el que, visto desde fuera, cada día es igual al siguiente: esquiar, comer, dormir. Esquiar, comer, dormir… Lo primero que destaca es la destreza del autor para describir con tanta verosimilitud cómo es aquel lugar y lo diferentes que pueden ser cada uno de los días aun llevando a cabo la misma rutina.

Escrito en primera persona (pero sin caer en absoluto en el heroísmo, autobombo o egocentrismo), consigue que el lector sienta que está compartiendo esa expedición desde el primer momento. Con todo, es un libro muy personal, muy introspectivo en ocasiones. Tal vez, y como reflejo de esta soledad que se siente en la inmensidad polar, el autor deja de lado (estoy seguro de que manera inconsciente) al resto de acompañantes, que apenas forman parte del relato, no tienen casi protagonismo.

No debería esperar el lector, eso sí, leer el relato de una loca aventura de exploradores de otros siglos. Este es un libro que narra una expedición contemporánea, comercial, organizada, bien preparada y guiada. Creo, sin embargo, que este hecho no afecta a la aventura, al reto, a la dificultad que un viaje así supone. Y, ni mucho menos, a la ilusión que debe representar conseguir llegar allí, tras haber superado las dificultades de un entorno tan complicado, diferente y desafiante como es el polar. Como tampoco afecta a que este sea un sensacional libro de viajes para todos aquellos que se pregunten cómo es estar allí, en las regiones polares, avanzando esforzadamente rumbo a lo desconocido.

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